Una riqueza en tesoros arqueológicos
Agricultura en el Valle Sagrado de los Incas
A una hora de travesía desde Cusco y a través de un paisaje montañoso el viajero llegará a un lugar privilegiado y de copiosa vegetación: el cálido Valle Sagrado de los Incas. Flanqueado por Pisac al este y por Ollantaytambo al oeste, este fértil valle agrícola está colmado de fascinantes sitios arqueológicos y pintorescos pueblitos. El río Vilcanota o Urubamba (también conocido como Wilkamayu o río sagrado en quechua) fluye a través del valle y picos cubiertos de nieve perpetua son los centinelas silenciosos de sus fecundos campos.
Los incas tenían predilección por el valle debido a su clima benigno, tierra fecunda y ubicación estratégica. Fue una de las principales zonas agrícolas del imperio, en la que se producía el mejor maíz del Perú, y hasta hoy continúa a proveer a la ciudad de Cusco de gramíneas, frutas y legumbres. Fue para los incas la puerta hacia la amazonía y construyeron palacios, fortalezas y templos en el lugar, siendo las más famosas e impresionantes Ollantaytambo y Pisac. Ellos concibieron el río como una imagen de la Vía Láctea y asignaron gran importancia religiosa a la región en su conjunto.
El Valle Sagrado conserva la magia que le es característica aún hoy, y su condición de principal destino turístico del Perú parece ser una prueba de ello. En él se encuentran los más importantes restos arqueológicos del país, y visitarlos en medio del paisaje idílico que lo rodea -propicio para las actividades al aire libre como caminatas, ciclismo de montaña, paseos a caballo y canotaje- resulta una experiencia inolvidable. Hay también mercados donde se puede comprar la maravillosa artesanía de la región, y albergues que brindan alojamiento y alimentación de primera. Al estar a menor altitud que la ciudad de Cusco en aproximadamente 300 metros, el Valle Sagrado es el lugar propicio donde aclimatarse al menos oxigenado aire andino durante un día o dos antes de ir a la antigua capital incaica.
