La Ciudad Blanca
Mercado al aire libre
A 2,380 metros sobre el nivel del mar en un paisaje en el cual se alza imponente la majestuosa silueta del volcán Misti se encuentra ubicada la segunda ciudad del Perú. Capital de la región sureña del mismo nombre, Arequipa cuenta con aproximadamente 900,000 habitantes y posee un rico pasado colonial. La brillante piedra volcánica con la cual se construyeron los edificios de su Centro Histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ha dado a la ciudad su célebre apodo: La Ciudad Blanca. Junto a otros numerosos atractivos turísticos Arequipa atrae a más de un millón de visitantes cada año. Otro conocido sobrenombre para esta ciudad es el de Ciudad del Eterno Cielo Azul gracias a su clima soleado y seco, con lluvias moderadas de enero a marzo y temperaturas entre 10°C y 25°C.
Arequipa fue fundada el 15 de agosto de 1540 por Garci Manuel de Carbajal, emisario del conquistador Francisco Pizarro. Evidencia arqueológica demuestra que este fértil valle ya era poblado 6,000 años AC por indios aymaras, quienes fueron luego conquistados por los incas. Debido a su producción agrícola y a su estratégica posición en la ruta de las caravanas de plata provenientes de Potosí, (actual Bolivia) hacia el puerto de Quilca, la ciudad se convirtió en un centro comercial de primera importancia que hizo posible el desarrollo de un fuerte sentimiento nacionalista durante la guerra de independencia peruana en los años de 1800. Prácticamente arrasada en 1868 por un terremoto, Arequipa supo mantenerse en pie para darle al país muchas de sus mejores figuras intelectuales, políticas y religiosas. Aún hoy sigue siendo la segunda ciudad más industrializada del país y un importante centro comercial y económico.
La Catedral y la Plaza de Armas
La impresionante arquitectura colonial de Arequipa, hermoso entorno natural y magnífica gastronomía la convierten en el tercer destino turístico más importante del Perú. La elaborada decoración de sus iglesias coloniales, conventos religiosos y residencias son una preciosa expresión de la singular fusión cultural de tradiciones de origen europeo y andino que tuvo lugar en estas tierras, lo que se puede apreciar en la Catedral, el Convento de Santa Catalina, el único del mundo con su propia ciudadela y el suntuoso interior de la Iglesia de la Compañía. La campiña arequipeña es igualmente encantadora con sus andenes precolombinos, edificios coloniales bien conservados, baños termales de origen volcánico, y tentadoras picanterías (restaurantes de cocina tradicional). Es también posible subir a la cumbre del Misti y los otros dos volcanes cuyas cumbres dominan el paisaje arequipeño: el Chachani y el Pichu Pichu y visitar el espectacular Cañón del Colca, uno de los más profundos del mundo cuya vista deja al visitante sin aliento.
