Sitios de valor arqueológico
Choquequirao
Choquequirao
Imagine Machu Picchu, aquella espectacular ciudadela inca suspendida en la bruma y misteriosamente oculta en lo alto de una selva escarpada. Ahora imagínela sin la multitud, los buses, trenes y hoteles: sólo las ruinas, la selva y usted. Eso es justamente lo que le espera en Choquequirao, la hermana relativamente desconocida de Machu Picchu, que ofrece al viajero perseverante la emoción del descubrimiento de un entorno poco explorado. Imagine Machu Picchu, aquella espectacular ciudadela inca suspendida en la bruma y misteriosamente oculta en lo alto de una selva escarpada. Ahora imagínela sin la multitud, los buses, trenes y hoteles: sólo las ruinas, la selva y usted. Eso es justamente lo que le espera en Choquequirao, la hermana relativamente desconocida de Machu Picchu, que ofrece al viajero perseverante la emoción del descubrimiento de un entorno poco explorado.
Situada al borde de un abismo de 1500 metros sobre el torrentoso río Apurímac y al borde de laderas densamente cubiertas de vegetación, Choquequirao (del quechua Chuqi K'iraw, "Cuna de oro") es una ciudadela inca construida por uno de los sucesores de Pachacutic -el emperador que construyó Machu Picchu- que hasta ahora no ha sido sino parcialmente explorada por los arqueólogos. La mayoría de investigadores atribuyen su edificación a Tupac Yupanqui, quien gobernó entre 1471-1493 y diseñó Choquequirao sobre el modelo del refugio escondido de su padre, que se encuentra a unos 60 Km. al noreste. Ambas ciudadelas tienen más o menos el mismo tamaño y sirvieron para idénticos propósitos religiosos, políticos y económicos. Choquequirao fue probablemente tanto un centro cultural y religioso como un punto vital de enlace y penetración desde Cusco a las selvas de Vilcabamba. La evidencia histórica muestra además que Choquequirao fue el refugio final después del asedio de Cusco en 1536, donde Manco Inca y sus sucesores resistieron a los españoles hasta 1572, año en que la ciudadela fue abruptamente abandonada.
Del mismo modo que la capital y otras grandes ciudades del imperio inca, Choquequirao fue diseñada de acuerdo con el movimiento del sol y las estrellas. Los sectores de la ciudadela destinados a las ceremonias religiosas eran: el templo situado en las inmediaciones de la plaza principal y una colina achatada con el propósito de que sirva de escenario para las celebraciones religiosas. La ciudadela comprendía un sector residencial que abarcaba las mansiones de los jerarcas, casas de artesanos y espaciosos dormitorios. Hay numerosos andenes agrícolas, almacenes, acueductos, incluyendo uno de piedra que actualmente es objeto de trabajos restauración para que una vez más sirva para llevar agua. Ha sido construida recientemente una escalinata que conduce desde las ruinas hasta el río para que los visitantes puedan ir a nadar.
Actualmente Choquequirao atrae un número de turistas equivalente al 1% de la cantidad de turistas que visita Machu Picchu cada año; ir hasta este sitio arqueológico exige una excursión de 2 días, ya sea caminando o a caballo. El caserío de Cachora, el lugar poblado más cercano al sitio y el punto de partida para el viaje hacia las ruinas está a 35 Km. del sitio arqueológico y se puede acceder a este poblado desde la ciudad de Cusco en un viaje de 4 horas en taxi. Choquequirao se encuentra a 3100 msnm y tiene una extensión de 1800 hectáreas. Pertenece a la provincia de La Convención, en el departamento de Cusco.
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La Huaca Pucllana
La Huaca Pucllana
Imagine un complejo arquitectónico de adobe que reúne un templo y otras edificaciones extendiéndose en una superficie de casi 21 kilómetros cuadrados, donde los antiguos habitantes de Lima practicaban el intercambio de tejidos de alpaca y cuyes al mismo tiempo que sumos sacerdotes sacrificaban mujeres y niños como ofrenda a los dioses. Quince siglos después el desarrollo urbano ha reducido su extensión a menos de 7 kilómetros cuadrados pero las grandes estructuras de adobe de la Huaca Pucllana aún permanecen en pie y sus visitantes pueden ver una interesante colección de los utensilios allí encontrados.
Arqueólogos que trabajan en el sitio nos dijeron que la Huaca Pucllana fue construida por la cultura Lima en el siglo 5 de la era cristiana para constituirse en uno de sus centros ceremoniales y administrativos más importantes. La cultura Lima floreció en la costa central del Perú entre los años 200 y 700 de la era cristiana y fue gobernada al parecer desde este complejo arquitectónico por un grupo de sacerdotes que detentaba no sólo el poder religioso sino también el poder político. Construida con ladrillos de adobe con una técnica que ha probado ser resistente a los terremotos, el complejo está dividido por una pared en dos grandes secciones, de acuerdo con sus dos principales funciones. El sector administrativo consta de pequeñas construcciones, plazas, rampas, patios, y almacenes, mientras que el sector ceremonial consiste en un templo piramidal.
Durante cerca de 300 años los habitantes de la cultura Lima practicaron en la Huaca Pucllana sus ritos religiosos, discutieron sobre asuntos políticos y de interés común, almacenaron mercancías y practicaron el intercambio de bienes. Los restos desenterrados aquí revelan que las mercancías de mayor valor para el intercambio eran los cerámicos artísticos, los tejidos de lana de alpaca y vicuña, las canastas, las redes de pesca y los alimentos. Fueron cultivadas legumbres como frijoles, zapallos, camotes y frutos como la lúcuma, se practicaba la crianza de animales como patos y llamas y éste era el lugar donde tenía su centro de acopio y distribución la actividad de pesca de especies marinas como peces, conchas de abanico, almejas, mejillones y cangrejos provenientes de las vecinas caletas de lo que hoy es Chorrillos y Miraflores. Los habitantes del lugar llevaban vidas aparentemente pacíficas, con sus necesidades básicas completamente satisfechas y desempeñando sus tareas cotidianas sin mayores sobresaltos hasta que el imperio Wari conquistó el territorio por el año 700 y transformó el templo en un cementerio para sus élites. Después este complejo arquitectónico cayó en manos de las culturas Ichma e Inca sucesivamente.
En nuestros días estas antiguas ruinas se elevan en medio de una moderna área residencial del distrito limeño de Miraflores. Las excavaciones del sitio empezaron hace relativamente muy poco, en los primeros años de la década de 1980 y hoy en día siguen su curso. Los visitantes de la Huaca Pucllana pueden disfrutar de una visita guiada a la parte más alta del templo y, tras pasar por una pequeña estancia donde se puede ver muestras de la flora y fauna nativas, podrán visitar el museo de sitio para apreciar los utensilios y artefactos descubiertos en este lugar y que fueron utilizados por la sucesivas culturas que se desarrollaron aquí.
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Las ruinas de Kuélap
Las ruinas de Kuélap
La remota selva cubierta de neblina del departamento de Amazonas alberga una ciudadela amurallada de tales proporciones e importancia arqueológica que ha sido llamada el Machu Picchu del norte del Perú. Edificada varios siglos antes que la mundialmente conocida ciudadela incaica, Kuélap es el vestigio más impresionante que nos ha dejado la civilización Chachapoyas, un aguerrido pueblo que opuso fiera resistencia a los intentos de dominación incaica, y que fue una de las más avanzadas culturas de la selva oriental de lo que hoy es el Perú cuya historia ha quedado envuelta en un espeso manto de bruma.
Las ruinas de Kuélap (cuyo significado es lugar frío, por sus bajas temperaturas) se encuentran sobre una cresta de montaña en las partes altas del valle del río Utcubamba, en medio de una exuberante selva donde abundan las orquídeas y bromelias.
La fecha en que los chachapoyas edificaron esta ciudadela es desconocida pero se cree que fue construida durante el apogeo de esta cultura, aproximadamente en el año 800 de la era cristiana y estuvo habitada hasta el inicio del periodo colonial entre 1532 y 1570. La extensión del sitio rivaliza con los mayores restos arqueológicos de América y se estima que su construcción tomó por lo menos 200 años. Extendida en una superficie de 6 hectáreas y rodeada por murallas de 20 metros, contiene un volumen de piedra superior en tres veces al de la Gran Pirámide de Giza en Egipto y su diseño tenía un avanzado sistema de drenaje del agua de lluvia. Este complejo está distintos niveles sobre los cuales se construyeron unas 400 estructuras, la mayoría de ellas de forma cilíndrica. Hay una atalaya, un castillo, graneros y albergues para personas, muchos de los cuales han sido decorados con frisos y alto relieves en forma de zig zag. La entrada principal es un pasaje angosto flanqueado por muros muy altos que se inclinan hacia las torres a medida que se elevan del piso, este diseño ha originado comentarios diversos, uno de los cuales postula que fue construido así por razones defensivas mientras que otros afirman que representa simbólicamente una gigantesca vulva.
La función de este inmenso complejo arquitectónico es desconocida, aunque hay algunas teorías plausibles: pudo haber sido una fortaleza construida para contener la expansión del imperio Wari o pudo haber servido como refugio en caso de emergencia. Otros creen que fue simplemente una ciudad fortificada o un centro administrativo gobernado por una aristocracia que detentaba poderes tanto políticos como religiosos. Después que el sitio fuera abandonado por razones desconocidas nadie supo de su existencia hasta que Juan Crisóstomo Nieto, un juez de la ciudad de Chachapoyas, recorrió el área en 1843 y atrajo la atención de los arqueólogos. En la actualidad existe una carretera hacia Kuélap pero también se puede emprender una caminata hacia el sitio arqueológico o ir a caballo desde el pueblo cercano de Tingo a 1800 msnm hasta las ruinas que están a 3000 msnm.
Líneas de Nasca
Líneas de Nasca
Las desoladas llanuras del desierto de Nasca guardan un secreto que ha intrigado a los investigadores durante décadas. Hace alrededor mil años fueron trazadas por agricultores de Pampa Colorada kilómetros de líneas que dibujan animales gigantes, figuras geométricas y líneas rectas. Como la mayoría de estas figuras sólo son visibles desde el aire, los jeroglíficos permanecieron desconocidos durante siglos hasta que por casualidad fueron avistadas por gente que hacía un viaje por avión en 1930. Y aquí cabe la pregunta: ¿Porqué los Nasca, gente que no poseía los medios para ver sus propias figuras, emprenderían el arduo trabajo de crear tan enormes dibujos?
En primer lugar, veamos cómo hicieron los Nasca para crear estas figuras. La superficie del desierto de Nasca es una capa de polvo de color claro debajo de la cual hay un suelo de piedra rojiza, de modo que ellos simplemente crearon un contraste visible aclarando las piedras. Para crear estas figuras a gran escala es probable que hayan empleado herramientas rudimentarias hechas de estacas, y supervisaron el buen trazado a la ayuda de cuadrículas. Esta cultura tuvo un gran desarrollo en el tejido de telares, y es probable que hayan utilizado la misma técnica para reproducir las pequeñas imágenes de sus telas en una escala mucho más grande sobre la piedra.
Los Nasca estamparon en el desierto figuras de animales como monos, serpientes, pájaros, tiburones, ballenas, llamas y lagartijas, así como plantas y seres humanos. Sin embargo, la mayor cantidad de representaciones tienen forma de figuras geométricas como triángulos, trapezoides, círculos, espirales y líneas rectas que abarcan una longitud de 15 kilómetros. Algunas imágenes fueron trazadas sobre laderas muy empinadas. Es de preguntarse cómo estos dibujos superficiales hayan podido resistir durante tantos siglos, aunque la respuesta viene de la carencia de erosión del desierto de Nasca, pues se trata de uno de los lugares más secos de la tierra, con una temperatura casi constante de 25°C y casi ausencia de viento, lo que optimiza la conservación de los jeroglíficos.
El propósito por el cual estas imágenes de tan gran tamaño y número fueron trazadas en el suelo desértico de Nasca, no ha logrado obtener ningún consenso entre los especialistas aunque la mayoría se inclina a pensar que fue con propósitos religiosos. Según Johan Reinhard, los habitantes de la cultura Nasca eran adoradores de los dioses de las montañas, los que tenían el poder de controlar el clima (y por consiguiente la provisión de agua) y proteger a los humanos. Las figuras se asocian de este modo a la adoración de estas deidades; las figuras geométricas representan los flujos de agua y las formas vivientes simbolizan la fertilidad. Las líneas rectas podrían ser caminos sagrados que conducen hacia los santuarios donde estos dioses serían adorados.
Otros teóricos ofrecen explicaciones menos plausibles. Paul Kosok propone que los dibujos fueron grandes observatorios astronómicos, Henri Stierlin creía que eran telares gigantescos y David Johnson y Steve Mabee formularon la hipótesis que los dibujos geométricos son un mapa de fuentes subterráneas de agua. Otros creen ver la evidencia de presencia alienígena. Jim Woodman sugiere que los Nasca desarrollaron cierta tecnología para realizar vuelos, como globos de aire caliente, y Erich von Däniken fue aún más lejos y postuló que esas líneas son un antiguo campo de aterrizaje de naves extraterrestres. Ninguna evidencia arqueológica ha sido expuesta para sostener tan peculiares teorías.
Sacsayhuamán
Sacsayhuamán
Sacsayhuamán es quizás el más grande logro arquitectónico de los incas. Esta fortaleza se levanta imponente sobre una colina desde la cual se tiene una completa vista sobre la ciudad de Cusco, la antigua capital del imperio incaico. Se trata de un macizo complejo amurallado -cuya construcción se atribuye a Pachacútec- con bastiones, torres, templos y acueductos que representan un alarde del dominio que alcanzaron los incas en la técnica de utilizar grandes rocas como material de construcción a tal punto que los españoles quedaron tan impresionados por su aspecto monumental que se negaron a aceptar que esto fuera obra de mortales. Todavía hoy, después de haber sido parcialmente destruida por los españoles, Sacsayhuamán deja sin aliento a sus visitantes y es un testimonio viviente del nivel de excelencia alcanzado por el Tawantinsuyo tanto en la organización del trabajo como en arquitectura.
Aunque es mejor conocida como una fortaleza militar, los primeros cronistas se refieren a Sacsayhuamán como un templo, llamado La Casa Real del Sol y dedicado a la adoración de Inti, el dios Sol. Cumple también un papel fundamental en el trazado de la ciudad imperial, puesto que Cusco fue concebida como un gigantesco puma que tiene a Sacsayhuamán como cabeza. El nombre de la fortaleza se traduce generalmente como halcón satisfecho aunque otras traducciones le dan las denominaciones de águila real y cabeza jaspeada.
Cómo llevaron a cabo los incas la titánica tarea de edificar Sacsayhuamán es un misterio que dura hasta el día de hoy. Como no es de tener en cuenta la teoría de los conquistadores según la cual los demonios la construyeron, los investigadores no consiguen determinar de qué modo los incas pudieron transportar rocas de dimensiones pantagruélicas de más de 200 toneladas, haciéndolas encajar tan perfectamente que es imposible que una hoja de hierba pase entre las ranuras existentes entre dos piedras, para cuya unión no se empleó ningún tipo de mortero. De acuerdo con algunas estimaciones, fueron empleados de 20,000 a 30,000 hombres en su construcción, que duró alrededor de 60 años. Las estructuras incaicas son admirables por su resistencia a los terremotos. Estas edificaciones de piedras de forma irregular y perfectamente acopladas forman muros ligeramente inclinados hacia adentro que han sobrevivido a devastadores terremotos que arrasaron con las construcciones españolas.
Entre sus más impresionantes construcciones están sus tres hileras de paredes exteriores en forma de zigzag. Estas paredes alcanzan 6 metros de altura y 40 cm. de ancho, con piedras tan grandes que empequeñecen al más alto de los hombres. Los españoles utilizaron la fortaleza como "cantera" de donde extrajeron piedras de las partes más altas de las murallas para construir iglesias en Cusco. Esa es la razón por la cual las paredes han quedado intactas hasta cierta altura.Dentro del área amurallada había tres torres fortificadas que formaban un triángulo. La torre central, conocida como Muyucmarca (plaza circular), tenía forma cilíndrica y las otras dos, Paucarmarca y Sallacmarca, tenían forma rectangular. Muyucmarca consistía en tres muros de piedra concéntricos conectados por tres canales de que conducían agua hasta la torre que de este modo era un reservorio de agua, aparentemente. Cada una de estas torres fueron destruidas por los españoles y hoy sólo quedan sus bases. Los incas además construyeron una red de pasajes subterráneos que conectaban a Sacsayhuamán con otras instalaciones incaicas de la ciudad de Cusco.
En la fortaleza de Sacsayhuamán tuvo lugar la batalla decisiva por la conquista del Perú en 1536. Manco Inca encabezó una rebelión para lo cual ocupó la fortaleza y envió fuerzas de ataque contra las posiciones españolas de la ciudad de Cusco. Aunque estuvieron a punto de caer, los españoles lograron penetrar en Sacsayhuamán y aniquilaron la rebelión en relativamente poco tiempo. Como acto heroico digno de ser destacado se evoca el sacrificio del noble inca Cahuide, quien a cargo del torreón de Muyucmarca opuso una tenaz resistencia al acoso de los españoles hasta que al verse acorralado por el enemigo y para evitar caer en sus manos -y así evitar el cruel destino que le esperaba en poder de tan poco honorable adversario- saltó desde lo alto del torreón preservando así su honor y dignidad.
La celebración del Inti Raymi tiene lugar ante las ruinas de Sacsayhuamán el 24 de junio de cada año. La fortaleza se encuentra a menos de un kilómetro de la iglesia de San Cristóbal de Cusco y los visitantes acuden a pie o en bicicleta, aunque hay quienes prefieren ir en autobús o taxi.
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Sitios Arqueológicos de Moche
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Sitios Arqueológicos de Moche
Aproximadamente entre los años 100 y 800 de la era cristiana se desarrolló en la costa norte del Perú la civilización Moche, también conocida como Mochica. Su área de dominio abarcó lo que hoy es el territorio comprendido entre los departamentos de Ancash por el sur y Piura por el norte; esta muy avanzada sociedad ha dejado testimonio de un alto grado de desarrollo en cerámica, orfebrería y arquitectura. Construyeron grandes pirámides, obras de irrigación y produjeron cerámica con motivos inspirados en la vida diaria. Antes que constituir un imperio unificado los mochica al parecer vivieron en comunidades independientes concentradas alrededor de los valles de los ríos Lambayeque, Jequetepeque, Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa y Nepeña. Se cree que esta cultura fue llevada a la extinción debido al devastador efecto de un prolongado Fenómeno del Niño, cuyas inundaciones causaron destrucción de las ciudades y el concecuente desarraigo de la población, que provocó pérdida de confianza en su religión y caos social. El territorio abandonado por los moche fue tiempo después ocupado por habitantes provenientes de las culturas Lambayeque y Chimú.
En la actualidad la costa norte del Perú es una fuente de tesoros que son descubiertos periódicamente: las fascinantes huacas moche (tumbas o santuarios) y sus museos de sitio esperan a los visitantes. Muchas pirámides moche están siendo objeto de exploración arqueológica y en estos momentos hay excavaciones en curso en muchos de estos sitios arqueológicos. Son de especial interés las visitas a Túcume, el Museo de las Tumbas Reales de Sipán, y los complejos arqueológicos de San José de Moro, El Brujo y las Huacas del Sol y de la Luna, mencionados según su ubicación de norte a sur. La visita a estos sitios arqueológicos puede ser combinada con una estadía en alguna de las hermosas playas del norte peruano, o una visita al Centro Histórico de la ciudad de Trujillo y otras ruinas precolombinas como la vasta ciudad Chimú de Chan Chan.
En Túcume, situado al sur del río La Leche, pueden ser apreciados los restos de 26 grandes pirámides y sepulturas moche que forman parte de un museo de sitio donde se podrá obtener informaciones precisas sobre estas construcciones. Este lugar fue un importante centro regional y hoy en día se cree que es una fuente de poder chamánico. Muy cerca, en la ciudad de Lambayeque, el Museo de las Tumbas Reales de Sipán exhibe la famosa tumba del Señor de Sipán, hallada en la pirámide de Huaca Rajada, cerca de Chiclayo. Explorada por el arqueólogo Walter Alva en 1987, el Señor de Sipán es uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de los últimos años, considerando que su tumba no había sido profanada por los ladrones de la zona y contiene los restos de un prominente sacerdote guerrero moche.
El complejo ceremonial y funerario de San José de Moro en el departamento de La libertad nos ofrece en detalle cómo preparaban los moche sus ceremonias religiosas y sus entierros. Ubicado en el valle de Jequetepeque, la región fue ocupada por 1000 años y presenta evidencias de la transición ocurrida entre la caída del Imperio Moche y el surgimiento de los Lambayeque. Más al sur en las orillas del río Chicama, el complejo arqueológico El Brujo refleja igualmente la sucesión de las culturas Moche, Lambayeque y Chimú entre los constructores de Huaca Prieta: los moche construyeron tres grandes templos aquí, incluyendo la impresionante Huaca Cao Viejo, que muestra la tumba de una mujer moche momificada y en buen estado de conservación, descubierta en 2005. Cerca a la ciudad de Trujillo se encuentra un complejo arqueológico que lleva el nombre de sus dos más impresionantes templos: la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna. Antes de ser parcialmente destruida por los buscadores de oro españoles, la Huaca del Sol fue la más grande edificación precolombina del Perú, pero ahora la Huaca de la Luna está en mucho mejor condición y presenta adornos de bellos y coloridos murales simbólicos.
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